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CAPITULO 03

Los años perdidos en la niñez de Jesús.
CAPITULO 03

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En aquel momento Jesús cerró los ojos, y dejando caer su cabeza hacia atrás se estremeció ligeramente, al tiempo que su cuerpo devenía ligero y lánguido, y su cabeza buscaba apoyo en el brazo de su amado.
-¡Oh, Judas! -murmuró-. ¿Qué me estás haciendo? ¡Qué deliciosas sensaciones me proporcionas!
El muchacho no permaneció ocioso, pero habiendo ya explorado todo lo que le permitía la postura forzada en que se encontraba, se levantó, y comprendiendo la necesidad de satisfacer la pasión que con sus actos había despertado, le rogó a su compañero que le permitiera conducir su mano hacia un objeto querido, que le aseguró era capaz de producirle mucho mayor placer que el que le habían proporcionado sus dedos. , Nada renuente, Jesús se asió aun nuevo y delicioso objeto y, ya fuere porque experimentaba la curiosidad que disimulaba, o porque realmente se sentía transportado por deseos recién nacidos no pudo negarse a llevar de la sombra a la luz el erecto objeto de su amigo.
Era la primera vez que Jesús contemplaba un miembro masculino extraño y en plena manifestación de poderío, y aunque no hubiera sido así, el que yo podía ver cómodamente era de tamaño formidable. Lo que más le incitaba a profundizar en sus conocimientos eran los abundantes pelos que lo rodeaban por todos lados así como el tamaño y la blancura del tronco y su roja cabeza desnuda que se ponía casi morada cuando el ejercía presión.
Judas estaba igualmente enternecido. Sus ojos brillaban y su mano seguía recorriendo el juvenil cuerpo de que había tomado posesión. Mientras tanto los jugueteos de la manecita sobre e juvenil miembro con el que había entrado en contacto habían producido los efectos que suelen observarse en circunstancias semejantes en cualquier organismo sano y vigoroso, como el del caso que nos ocupa.
Arrobado por la suave presión de la mano, los dulces y deliciosos apretones y la inexperiencia con que el jovencito tiraba hacia atrás los pliegues que cubrían la exuberante fruta, para descubrir su roja cabeza encendida por el deseo, y con su diminuto orificio en espera de la oportunidad de expeler su viscosa ofrenda, el joven estaba enloquecido de lujuria, y Jesús era presa de nuevas y raras sensaciones, que lo arrastraban hacia un torbellino de apasionada excitación que lo hacía anhelar un desahogo todavía desconocido.
Con sus hermosos ojos entornados, entreabiertos sus húmedos labios, la piel caliente y enardecida a causa de los desconocidos impulsos que se habían apoderado de su persona, era víctima propicia para quienquiera que tuviese aquel momento la oportunidad, y quisiera lograr sus favores y arrancarle su delicada inocencia.
No obstante su juventud, Judas no era tan ciego como para dejar escapar tan brillante oportunidad.
Además su pasión, ahora al máximo, lo incitaba a seguir adelante. Desoyendo los consejos de los maestros que de otra manera hubiera escuchado.
Encontró palpitante el centro que se agitaba bajo sus dedos; contempló al hermoso muchacho tendido en una invitación al deporte del amor, observó sus hondos suspiros, que hacían subir y bajar su joven pecho y las fuertes emociones sensuales que daban vida a las radiantes formas de su joven compañero.
Las fuertes y turgentes piernas del muchachito estaban expuestas a las apasionadas miradas del joven.
A medida que iba desnudándolo cuidadosamente de sus ropas íntimas, Judas descubría los secretos encantos de su adorable compañero, hasta que sus ojos en llamas se posaron en los rollizos miembros rematados un abdomen plano unas caderas estrechas, un pubis palpitante y sin vellos de donde emergía un blanco pene aunque largo pero delgado y duro como la roca.
Su ardiente mirada se posó entonces en el centro mismo de atracción, en la rosada cabeza sin ninguna sombra del más suave de los vellos.
El cosquilleo que le había administrado y las caricias dispensadas al objeto codiciado, habían provocado una pequeña humedad que suele suceder a la excitación y Jesús además ofrecía escondido entre sus nalgas un pequeño orificio que jamás había sido tocado por manos ajenas, tan rosado que antojábase un durazno bien rociado por el mejor y más dulce néctar que pueda ofrecer la naturaleza.
Judas captó su oportunidad y apartando suavemente la mano con que Jesús le asía el miembro, se lanzó furiosamente sobre la inocente figura de su compañero.
Apresó con su brazo izquierdo su breve cintura, abrazó las mejillas del muchacho con su cálido aliento y sus labios apretaron los de el en un largo, apasionado y apremiante beso enrojeciendo las mejillas del pequeño al roce de su gruesa barba.
Tras de liberar a su mano izquierda. Trató de juntar los cuerpos lo más posible en aquellas partes que desempeñan el papel activo en el placer sensual, reforzándose ansiosamente por completar la unión.
Yeshúa sintió por primera vez en su vida el contacto mágico del órgano masculino con sus rosados testículos. Judas deslizo un poco más su miembro entre las piernas de su amado, hasta que percibió el ardiente contacto de la dura cabeza su miembro con el ajustado orificio anal donde quería alojarse al cabo de la batalla.
Judas estaba embelezado y se esforzaba en buscar la máxima perfección en la consumación del acto.
Pero la naturaleza que tanto había Influido el desarrollo de las pasiones sexuales de Yeshúa, había dispuesto que debía de procederse con mucha paciencia, antes que fuera cortado tan fácilmente un capullo tan tempranero.
Yeshúa era muy joven e inmaduro (incluso en el sentido de las poluciones nocturnas peor aun por medio de la masturbación) que señalan el comienzo de la pubertad y su cuerpo, aun cuando estaba lleno de perfección y de frescura estaba poco preparado para la admisión de los miembros masculinos, aun los tan moderados como el que, con su redonda cabeza intrusa, luchaba en aquel momento por buscar alojamiento en el pequeño ano.
En vano se esforzaba Judas presionando con su excitado miembro hacia el interior de las delicadas partes del adorable muchachito. Los rosados pliegues del estrecho orificio resistían todas las tentativas de penetración en la mística gruta anal.
En vano también Yeshúa, en aquellos momentos inflamado por una excitación que rayaba en la furia, y semi enloquecido por efecto del cosquilleo que ya había sentido, secundaba por todos los medios los audaces esfuerzos de su joven amante.
Tenía un ano muy fuerte y resistía bravamente, casi rayando en el dolor de una herida. La inexperiencia del joven por querer poseer a su joven amante lo llevo a casi provocarle un desgarro, sin embargo la naturaleza de sus propios instintos lo indujeron a intentarlo primero con los dedos humedecidos en saliva, esto se presentaba mucho mas fácil y placentero sobre todo para el pequeño Jesús.
Al fin, con un esfuerzo y paciencia logro introducir uno, luego dos dedos, en el ano que se relajaba muy lentamente al paso de sensaciones mucho mas gentiles y delicadas. Con movimientos circulares Judas logro alojar tres dedos en el joven recto de su amante, a la vez que lo sentía mucho mas dilatado y caliente, desesperado por alcanzar el objetivo propuesto, el joven se hizo atrás por un momento, apuntando hora con su erecto pene, se lanzó luego lento pero seguro, hacia adelante, con lo que consiguió abrirse paso taladrando en la obstrucción, y adelantar la cabeza y parte de su endurecido miembro con el sexo de el muchacho que yacía bajo él.

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1 Response
  1. Anónimo Says:

    me exitan tanto es como que leyeras mi mente y supieras en que momento decear mas sexo y lujuria ser un vil esclavo del deceo


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